Dans la Maison AKA In the House.

Una película con abundantes capas de lecturas y significaciones que baila entre géneros con magistral comodidad. Juegos entre la realidad y la ficción, la obra y su creador, la frustración del falto de talento y el genio innato… un fantástico trabajo.  

Germain (Fabrice Luchini), profesor de francés, cree haber descubierto un talento inusual en Claude (Ernst Umhauer),uno de sus alumnos. Le ayudará a desarrollarlo. El incombustible François Ozon regresa con”En la Casa” , en la que adapta libremente la pieza “El chico de la última fila”, del celebrado dramaturgo madrileño Juan Mayorga. Una estupenda película a masticar mucho, mucho, una vez vista, tal es su capacidad de tocar infinitos campos de compromiso desde una estructura mutante y de fácil asimilación narrativa, al menos en principio. Más que merecidas resultan las loas y alabanzas recibidas en el ultimo Festival de San Sebastián, donde se alzó con la Concha de Oro a la Mejor Película y el Premio del Jurado al Mejor Guion.

«Si no le interesa, me lo devuelve». Con un tono de comedia fresca, desvergonzada yvoyeur, Ozon arranca una narración que versa sobre la mansa frustración del letrado sin talento, la residencia innata del genio en los receptáculos ─humanos y sociales─ menos esperados, la defensa a ultranza de la individualidad en un mundo estandarizado y neutro ─símbolos pocos sutiles son las gemelas o los uniformes escolares─ o la consideración, tantas veces estúpida y siempre personal más allá de la pose social, de lo que ha de llamarse o no Arte Mayúsculo. Casi nada. Pero según transcurre, el discurso torna oscuro, sombrío y cercano al thriller, sin abandonar sus líneas previas pero añadiendo peligrosas y morbosas satisfacciones derivadas de la observación del comportamiento del otro, del vecino común: la realidad ajena muchas veces es más interesante que la ficción… o que la realidad propia.

Y ahí se hila una fábula metaliteraria y metacinematográfica en la que Ozon propone al espectador un juego entre lo fascinante y lo reprobable ─en la actitud de los personajes, no en la esencia de su propuesta, por supuesto─, incomodándole y divirtiéndole a partes iguales desde la evolución de los participantes de una tragicomedia brumosa que se gana nuestro interés en su reconocible cercanía humana. Decir que Luchini está tremendo es una obviedad, del mismo modo que redunda defender el trabajo de la eterna Kristin Scott Thomas o la perfecta adecuación de Emmanuelle Seigner al rol de milf atípica y deseable. Lo que sí merece mención aparte es el trabajo del joven Ernst Umhauer, ángel y demonio, buen hijo y sociópata inesperado, talento a seguir desde ya mismo. En esta casa se está muy bien.

Escrito por José Arce el 09.11.12.

In The House.jpg

 

 

The prolific François Ozon follows unabashed crowdpleaser ‘Potiche’ with a social satire that’s no less fun, but delivers rather more substance in its sardonic portraiture and pointed self-awareness.

Germain (the ever-waspish Fabrice Luchini) is an old-fashioned teacher at a trendy secondary school who discovers a renewed purpose in the intriguing prose delivered by student Claude (effortlessly poised newcomer Ernst Umhauer). This mischievous outsider turns his fascination with a classmate’s seemingly ideal bourgeois household – and in particular Emmanuelle Seigner’s yummy maman – into a series of weekly writing exercises. Germain seizes upon the pages, but what does his eagerness to sharpen up the writing tell us about his own stalled creativity, his petty prejudices, and even his arid marriage to art gallery manager Jeanne (an impeccable Kristin Scott Thomas)?

Adapting a play by Juan Mayorga, Ozon treats Claude’s serial misadventures as a sort of suave Buñuelian soap opera, yet while we see the interloper’s increasingly daring incursions play out, we’re also treated to teacher’s ‘improved’ versions of events, and it’s soon a real tease distinguishing fact from fiction…if any of it’s ‘fact’ at all.

There’s fun to be had from the pomposity and pretensions of Luchini and Scott-Thomas, yet the surrounding frolics also hint at the hidden agendas behind the stories which fascinate us, and indeed how those stories play up to a distanced, even unhealthy curiosity about the lives of others. Plenty to ponder then, but you can also simply enjoy its gossipy fizz. A witty, naughty, insight-packed provocation which never takes its seriousness too seriously.

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