Contemporary Architecture (II) Frank Lloyd Wright. Fallingwater House/La Casa de la Cascada

“There in a beautiful forest was a solid, high rock ledge rising beside a waterfall, and the natural thing seemed to be to cantilever the house from that rock bank over the falling water…”
— Frank Lloyd Wright in an interview with Hugh Downs, 1954

In Mill Run, Pennsylvania in the Bear Run Nature Reserve where a stream flows at 1298 feet above sea level and suddenly breaks to fall at 30 feet, Frank Lloyd Wright designed an extraordinary house known as Fallingwater that redefined the relationship between man, architecture, and nature. The house was built as a weekend home for owners Mr. Edgar Kaufmann, his wife, and their son, whom he developed a friendship with through their son who was studying at Wright’s school, the Taliesin Fellowship. The waterfall had been the family’s retreat for fifteen years and when they commissioned Wright to design the house they envisioned one across from the waterfall, so that they could have it in their view. Instead, Wright integrated the design of the house with the waterfall itself, placing it right on top of it to make it a part of the Kaufmanns’ lives.

Wright’s admiration for Japanese architecture was important in his inspiration for this house, along with most of his work. Just like in Japanese architecture, Wright wanted to create harmony between man and nature, and his integration of the house with the waterfall was successful in doing so. The house was meant to compliment its site while still competing with the drama of the falls and their endless sounds of crashing water. The power of the falls is always felt, not visually but through sound, as the breaking water could constantly be heard throughout the entire house.

© Robert Ruschak - Western Pennsylvania Conservancy

Wright revolved the design of the house around the fireplace, the hearth of the home which he considered to be the gathering place for the family. Here a rock cuts into the fireplace, physically bringing in the waterfall into the house. He also brings notice to this concept by dramatically extending the chimney upwards to make it the highest point on the exterior of the house.

Fallingwater consists of two parts: The main house of the clients which was built between 1936-1938, and the guest room which was completed in 1939. The original house contains simple rooms furnished by Wright himself, with an open living room and compact kitchen on the first floor, and three small bedrooms located on the second floor. The third floor was the location of the study and bedroom of Edgar Jr., the Kaufmann’s son.The rooms all relate towards the house’s natural surroundings, and the living room even has steps that lead directly into the water below. The circulation through the house consists of dark, narrow passageways, intended this way so that people experience a feeling of compression when compared to that of expansion the closer they get to the outdoors. The ceilings of the rooms are low, reaching only up to 6’4″ in some places, in order to direct the eye horizontally to look outside. The beauty of these spaces is found in their extensions towards nature, done with long cantilevered terraces. Shooting out at a series of right angles, the terraces add an element of sculpture to the houses aside from their function.

The terraces form a complex, overriding horizontal force with their protrusions that liberated space with their risen planes parallel to the ground. In order to support them, Wright worked with engineers Mendel Glickman and William Wesley Peters. Their solution was in the materials. The house took on “a definite masonry form” that related to the site, and for the terraces they decided on a reinforced-concrete structure. It was Wright’s first time working with concrete for residences and though at first he did not have much interest in the material, it had the flexibility to be cast into any shape, and when reinforced with steel it gained an extraordinary tensile strength.

The exterior of Fallingwater enforces a strong horizontal pattern with the bricks and long terraces. The windows on the facade have also have a special condition where they open up at the corners, breaking the box of the house and opening it to the vast outdoors. The perfection of these details perfected the house itself, and even though the house tends to have structural problems that need constant maintenance due to its location, there is no question that Fallingwater, now a National Historic Landmark, is a work of genius. From its daring cantilevers to its corner window detail and constant sound of the waterfall, Fallingwater is the physical and spiritual occurence of man and architecture in harmony with nature. All you have to do is listen.

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Frank Lloyd Wright diseñó en 1934-35 una casa extraordinaria en la Reserva Natural de Bear Run, Pensilvania, a 1298 metros sobre el nivel del mar. Acá, el río que corre en el lugar cae repentinamente 30 metros. Esta casa es conocida como la Casa en la Cascada, la cual redefinió la relación entre el hombre, la arquitectura y la naturaleza.

Esta casa fue construida como casa de fin de semana para el Sr. Edgar Kaufmann, su señora y su hijo, el cual estudió arquitectura durante un corto periodo de tiempo en la escuela-residencia Taliesin de Wright.

Este lugar había sido propiedad de la familia durante 15 años, y, cuando le encargaron a Wright el diseño de la casa, tenían en mente una casa enfrente de la cascada, para poder apreciarla. Sin embargo, Wright integró el diseño de la casa con la propia cascada, posándola justo encima de ésta para que pasara a ser parte de la vida de los Kaufmann.

La admiración de Wright hacia la arquitectura japonesa fue clave para su inspiración del diseño de esta casa, al igual que de la mayoría de sus obras. Al igual que en la arquitectura japonesa, Wright quería crear armonía entre el hombre y la naturaleza, y la integración de la casa con la cascada tuvo éxito en eso. La casa fue pensada para que siempre se sintiera la fuerza con que cae el agua, no visualmente pero a través del sonido, escuchándose en toda la casa.

Wright resolvió el diseño de la casa alrededor de la chimenea, el corazón de la casa, la que se consideró como el lugar de reunión de la familia. Los cimientos de la casa son las rocas del lugar, y algunas de ellas sobrepasan el ancho forjado de la primera planta asomándose junto a la chimenea, lo que trae físicamente la cascada al interior de la casa. Además se refuerza el concepto de un núcleo vertical a través de una extensión del alza de la chimenea, que la hace el punto más alto del exterior de la casa.

La casa de la Cascada consta de dos partes: La casa principal de los clientes que se construyó entre 1936-1938, y el cuarto de huéspedes que se completó en 1939. La casa original contiene habitaciones sencillas, proporcionadas por el arquitecto, con un estar abierto con cocina compacta en la primera planta y tres dormitorios pequeños en el segundo piso. El tercer piso fue el lugar de estudio y dormitorio del hijo de Kaufmann. Todos los recintos de la casa se relacionan con el entorno natural, y el estar incluso tiene escalones que conducen directamente al agua. Las circulaciones dentro de la casa son oscuras, pasillo estrechos, para que los habitantes tengan una sensación de encierro en comparación con lo abierto a medida que se acercan hacia el exterior. Los techos de las habitaciones son bajos, con el fin de dirigir la mirada horizontal hacia afuera.

La belleza de estos espacios se encuentra en sus extensiones hacia la naturaleza, hecho con largas terrazas en voladizo. Éstas, que están proyectadas hacia afuera en ángulos rectos, aportan un elemento de escultura a la casa, aparte de su función.

Para dar soporte a las terrazas, que ignoraban las fuerzas horizontales con sus grandes planos en voladizo, Wright trabajó con los ingenieros de Mendel y William Glickman Wesley Peters. La solución estaba en los materiales. La casa tomó “una forma de albañilería definitiva” para relacionarla con el sitio y para las terrazas se decidieron por una estructura de hormigón armado y reforzadas con acero lo que aumento la resistencia a la tracción.

El exterior de la casa de la cascada impone una horizontalidad que se destaca gracias a los ladrillos y a los voladizos. Las ventanas de la fachada también tienen una condición especial, ya que se abren en las esquinas, rompiendo con la caja de la casa incorporando el extraordinario paisaje exterior.

La perfección de todos estos detalles perfecciona la casa en sí, y aunque ésta tiende a tener problemas estructurales que necesitan un constante mantenimiento, debido a su emplazamiento, no hay duda de que la casa de la cascada, que es ahora un monumento histórico nacional, es una obra extraordinaria. Es la presencia física y espiritual del hombre y la arquitectura en armonía con la naturaleza.

Por Karina Duque. Clasicos de la Arquitectura

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