Juergen Teller // A Dirty Fashion Show

Juergen Teller was born in Erlangen, Germany in 1964. He studied at the Bayerische Staatslehranstalt fur Photographie in Munich, Germany. He has lived and worked in London since 1986.

In 2003, Teller was awarded the Citibank Prize for Photography, and, in 2007 was asked to represent the Ukraine as one of five artists in the 52nd Venice Biennale. He has also participated in group shows at the Museum of Modern Art in New York and Tate Modern in London. His work is held in a number of private and public collections, including Deutsche Bank AG, Frankfurt, Germany, Frans Hals Museum, Haarlem, Netherlands, Museum Folkwang, Essen, Germany and the Victoria & Albert Museum, London.

Teller’s work in books, magazines and exhibitions is marked by his refusal to separate the commercial fashion commissions from his autobiographical work. His photographs have been published in influential international publications such as W Magazine, i-D and Purple and has been the subject of solo exhibitions including The Photographers Gallery, London (1998), the Kunsthalle Wein, Vienna (2004) and the Fondation Cartier Pour l’art Contemporain, Paris (2006). Most recently, in April 2011, Teller exhibited Man With Banana at The Dallas Contemporary Museum and Touch Me at Daelim Contemporary Art Museum in Seoul, Korea.

For the past thirteen years, Juergen Teller has been working with Marc Jacobs on his advertising campaigns which were collated in the book, Marc Jacobs Advertising 1998-2009 by Steidl, currently in it’s 2nd edition. Juergen has also had long collaborations with other designers over the years, including Helmut Lang, Yves Saint Laurent, Vivienne Westwood and more recently, Celine, after Phoebe Philo took the helm in Spring Summer 2010.

Instead of editing out the grit, Juergen Teller’s images showcase the rawness that is rarely otherwise seen in his subject matter (models, celebrities, and other public figures), creating vulnerable compositions that straddle the line between fine art and commercial photography. His use of interesting camera angles and unlikely cropping methods is often unsuccessfully copied by others in the field, but his true genius is in his sensitive perception and the ability to capture a single moment. Whether he is photographing Kate Moss, Cindy Sherman, or an anonymous model who showed up on his doorstep, he offers out a window into another world.

It’s impossible not to name drop when Juergen Teller is involved. His work has been seen in publications such as i-D, Vogue, Purple, and W. He has done major ad campaigns for the likes of Marc Jacobs, Comme des Garcons, and Helmut Lang, and album covers for Elton John, Elastica, and Hole.

La moda vivía en una burbuja idealizada hasta que llegó él y la pinchó. Allá donde los demás veían glamour impoluto y belleza imposible, Juergen Teller observaba cuerpos imperfectos y rostros recién levantados, con arrugas, cicatrices y poros abiertos, retratados con el destello, no siempre favorecedor, del flash fotográfico. «Empecé mi carrera en Londres. Con esa luz, no me quedó más remedio que recurrir a la luz artificial», sonríe. En realidad, sus instantáneas respondían premeditadamente a los imperativos de la belleza en el papel cuché, a sus modelos con aspecto replicante, a la presión que los cánones ejercían –y sigue siendo así– sobre cualquier mujer con la autoestima menguante. En su momento, pareció una apuesta radical y cruda. «¿Crudo? No me gusta ese adjetivo. Prefiero decir que me interesa lo real, la persona en su conjunto, su situación actual, su trasfondo psicológico. Quiero reflejar lo que hace, lo que dice, lo que desea y lo que es, no solo su físico», explica.

Lo llamaron fotógrafo grunge, abanderado del porno chic, portaestandarte del glamour trash. «Etiquetas estúpidas», responde hoy. Dos décadas y media más tarde y a punto de cumplir 49 años, Teller es uno de los fotógrafos de moda más influyentes e imitados, cuando no plagiados. «Sí, me siento copiado. Pero cada vez me molesta menos», asegura.

 

Lo que parecía la excepción –la estética callejera y feísta, impregnada de una sexualidad algo malsana, las modelos con cara de cajeras de Tesco– se acabó convirtiendo momentáneamente en la regla. En el Londres de los primeros años 90, a través de su trabajo para revistas punteras de la nueva estética comoThe Face o i-D, demostró que era posible otra fotografía de moda. Hoy lo recuerda como un tiempo «emocionante e ingenuo, donde lo creativo primaba sobre lo comercial».

El mundo del arte no tardó en acogerlo, demostrando que su trabajo trascendía la provocación barata. El MoMA de Nueva York y la Fondation Cartier de París le han abierto sus puertas. A ellos se suma ahora el Institute of Contemporary Arts (ICA) de Londres, que expone su obra hasta el 17 de marzo. Será la primera muestra en su ciudad adoptiva desde hace 10 años. «Más que una retrospectiva, se trata de una selección personal de las imágenes que llevo en el corazón», matiza.

Entre las fotografías escogidas figuran sus retratos de Kate Moss, Lily Cole y Vivienne Westwood, las imágenes de la gira alemana de Kurt Cobain en 1991 y sus posturas tórridas junto a Charlotte Rampling en un salón parisino, así como su trabajo comercial para Marc Jacobs, Helmut Lang o Yves Saint Laurent. También la parte más personal de su producción, donde suele poner en escena su propia vida familiar: desde un viaje por Japón con esposa e hija hasta un paseo con su madre por el bosque alemán donde jugaba de niño, cerca de Núremberg.

Teller no iba para fotógrafo. Su destino señalaba al negocio familiar, un taller de instrumentos de cuerda en su pequeña ciudad bávara. «Pero desarrollé una alergia al polvo de la madera que me provocaba ataques de asma y lo tuve que dejar», comenta. «A los 15 años me marché de camping a Italia. Mi padre, con quien prácticamente ya no tenía contacto [alcohólico y depresivo, se suicidó cuando él era adolescente], insistió en que me llevara su cámara de fotos. Me pareció una idea absurda. ¿Para qué iba a necesitar una jodida cámara?», relata. Le dijo a su padre que se metiera la cámara donde le cupiera. Pero el objeto permaneció en su subconsciente. Poco después de su muerte, durante otro viaje primaveral a la Toscana, su primo le pidió que tomara una foto de una puesta de sol. «Cuando observé el encuadre, lo entendí enseguida. Eso era lo que quería hacer».

TELLER’S AD WORK: (Clockwise from left) Vivienne Westwood (2007); Teller with Cindy Sherman, both wearing Marc Jacobs sweaters (2005); Victoria Beckham in a Marc Jacobs Bag (2007).

(Photo: Courtesy of Jurgen Teller)
 

Teller no reniega de su trabajo en la moda. «Es un reto creativo que cada vez es más difícil. Hay que pensar de forma global, contemplar lo que no gustará en el Medio Oriente o no entenderán en China. La diferencia entre lo que la mayoría considera bello y lo que me lo parece a mí se acentúa. No soporto la cirugía estética ni la belleza retocada con Photoshop». Su asignatura pendiente es fotografiar a un político. «Las fiestas bunga-bunga de Berlusconi serían interesantes», ironiza. ¿Y su compatriota Merkel? «Me propusieron retratarla hace dos años y al final no salió. Me dio lástima porque es un personaje que me intriga y que me gusta». El enfant terrible ¿es de derechas? «No, tampoco de izquierdas. Pero no creo que este sea el lugar para hablar de eso», esquiva. En su jerarquía de preocupaciones, su trabajo está por encima de quién se sentará en el Bundestag.

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