Mike Brodie // A Period of Juvenile Prosperity //Un periodo de prosperidad juvenil.

Mike Brodie’s compelling body of work sprang from his journeys walking, hitchhiking and train-hopping across the United States. In 2003, Brodie was a bored 18-year-old living in Pensacola, Florida and working part time in a grocery store when he hopped the wrong train to visit a friend in Mobile – and landed several hundred miles away in Jacksonville. The journey sparked something in Brodie and, with a Polaroid SX-70 camera given to him by a friend (or found behind the seat of an abandoned car, depending which story you prefer), he began an anarchic photographic adventure, documenting the hobos, vagabonds and fellow travellers he met along the way. Later, Brodie switched to an old 1980s 35mm camera, producing thousands of snaps of his adopted itinerant family as he clocked up 50,000 miles of unticketed travel.

The resulting images are raw yet beautiful, intimate and honest, the danger and the joy of the road (and the railroad) resonating throughout. To keep in touch with those who shared his journeys and experiences, Brodie uploaded the images to the internet – which earned him the nickname the ‘Polaroid Kid’.

There is a naivety and lack of artifice to the photographs, which comes from the fact that Brodie is an untrained, self-taught photographer. I see parallels with Richard Billingham’s challenging family album, ‘Rays a Laugh’, and the inherent freedom of Ryan McGinley’s road images. Yet although Brodie cites an interest in the work of Mary Ellen Mark and the Magnum photographer Steve McCurry, his style is all his own – he is one of photography’s genuine outsiders.

After five years of travelling, Brodie felt it was time to settle down and, ‘grow up’. Now working as a motor mechanic based in Oakland, California, (though still represented by the New York gallery Yossi Milo), he admits to feeling uncomfortable when his images appear on the gallery wall. He has never seen himself as part of the photographic establishment and is unimpressed by the brouhaha his work has created. He rarely talks about his pictures and has said that he is not planning to make any new work.

While it is sad to think that he may never again pick up a camera, his brief spell of fierce creativity has placed Brodie as one of the great documentarian’s of US travel photography, and is captured in a new book, ‘ A Period of Juvenile Prosperity’, a beautifully produced album. In the book’s opening essay Brodie writes, “I don’t want to be famous, but I hope this book is remembered forever”. I couldn’t agree more.

By Cheryl Newman.

Source: http://www.telegraph.co.uk/culture/photography/10071614/A-Period-of-Juvenile-Prosperity-by-Mike-Brodie-review.html

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Mike Brodie (Arizona-EE UU, 1985) tiene el mismo espíritu aventurero, libre e ilegal que uno de los protagonistas de la novela “En el camino”, la epopeya de asfalto, libertad y vida acelerada que convirtió a Jack Kerouac en un difusor de la vida nómada y desentendida y sedimentó lo que se dió en llamar generación beat. Como el escritor, Brodie no tiene ansias por ejecer el apostolado: lo suyo es anotar desde dentro, mostrar la vida de la que participa. Fotogalería 13 Fotos Los vagabundos juveniles de Mike Brodie Fotógrafo de vocación —aunque él prefiera afirmar que solo se trata de un hobby—, Brodie ganó en 2008 el Premio Baum para Fotógrafos Emergentes de los EE UU y su obra forma parte de las colecciones permanantes de varios museos de la primera división. Sin embargo, mantenía desde hace seis años un largo y misterioso silencio. Algunos decían que había perdido la ilusión y otros que se había dedicado a estudiar mecánica y que regentaba un taller de reparación de coches.

Crecido entre Phoenix (Arizona) y Pensacola (Florida) y criado por una madre soltera —el padre, según ha contado Brodie en el pasado, había sido condenado a nueve años de cárcel por robar una partida de mármol en la obra en la que trabajaba—, el chico se subió a un tren de carga por primera vez a los 17 años. Durante cuatro años recorrió 50.000 kilómetros practicando el “train hopping” (montarse a las bravas en convoyes ferroviarios) junto a otros muchos jóvenes como él. Algunos huían de algo o de alguien; otros deseaban ejercer la rebeldía y algunos más simplemente se dejaban llevar por el placer de que cada día fuese un nuevo invento.

Los medios están de los nervios El libro del fotógrafo vagabundo tiene un título entre irónico y reivindicativo, A “Period of Juvenile Prosperity” (Un periodo de prosperidad juvenil). Una selección de imágenes del tomo se exponen, con el mismo lema, en la galería neoyorquina Yossi Milo, entre el 7 de marzo y el 6 de abril, y en M+B, en Los Ángeles, del 16 de marzo al 11 de mayo. La expectación es altísima porque Brodie es un personaje de culto en los EE UU y los medios de comunicación más serios están de los nervios (vean como muestra el artículo que la ha dedicado The New Yorker). Puedes llevártela, pero no vas a encontrar película para ese trasto Durante sus años errantes Brodie se hizo llamar “The Polaroid Kid”. Alguien le había prestado (“puedes llevártela, pero no vas a encontrar película para ese trasto”) una Polaroid SX-70 Sonar OneStep, la primera cámara réflex instantánea y, además, con autofoco ultrasónico. Con ella a cuestas cruzó sobre raíles el sur y el oeste de los EE UU (Florida, Louisiana, Texas, Arizona, Colorado, California, Oregon, Washington…) e hizo fotos de la gente con la que se encontraba, desarraigados como él, motivados por el simple placer de moverse.

“Aunque nunca fue educado en técnica fotográfica las imagenes de Brodie son una mirada honesta y sincera que sólo puede proceder de la inconsciencia del medio”, dicen en la galería M+B. “Sin saberlo, las imágenes de Brodie siguen los pasos de fotógrafos como Robert Frank y William Eggleston”. Los organizadopres de las exposiciones y los editores del libro también destacan el “ardiente deseo de movimiento” que emana de las fotos y la capacidad innata de Brodie para “tejer una narración”. No se equivocan. En estas fotos imprescindibles hay manos sucias, la inocencia del sueño, la belleza de la juventud en estado salvaje, la voraz curiosidad de ver, sentir y conocer, la alegría de estar fuera de las normas, el alcohol barato, los alimentos que nadie quiere, la inocente inmundicia, el glamour del desastre, el deseo ardiente de seguir adelante… y, sobre todo, la elección de un sueño.

Fuente: http://www.20minutos.es/noticia/1752408/0/mike-brodie/vagabundos-juveniles/polizones-ferroviarios/#xtor=AD-15&xts=467263

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